Canallas y asientos vacíos

Da verguenza comprobar cómo algunos no respetan el trabajo de las murgas.

Canallas y asientos vacíos

Teatro vacíoTodos, absolutamente todos los años igual. Aunque el público que asistió al Teatro López de Ayala para ver el espéctaculo murguero en la fase preliminar se comportó, por lo general, con respeto, las dos noches que llevamos de semifinales no han hecho más que volver a demostrarnos lo que sabíamos: Que los familiares de una gran parte de las murgas son unos auténticos canallas.

 

Así, con todas las letras, unos irrespetuosos canallas que, a buen seguro, no desearían que la murga donde actúa su hijo, su novio o su amigo se enfrentase a unas butacas vacías y frías. Por supuesto, tienen todo el derecho del mundo a aplaudir y corear a la murga de sus amores, tienen derecho a salir del teatro cuando ésta haya actuado y tienen derecho a negar el aplauso al resto. Sin embargo, el ejercicio de este derecho lo que demuestra es una absoluta falta de educación, civismo y respeto.

 

¿Quién es el culpable de que, año tras año, las murgas del final de la noche tengan que padecer lo mismo? Parte de la culpa la tienen unos medios de comunicación que han dejado de vender noticias para convertirse en fábricas de polémicas (cuanto mayores sean éstas, más visitas, más ventas y más ingresos), que dicen al público qué murgas hay que ver y cuáles hay que ignorar. Medios que se inventan finales, días fuertes y días débiles sin haber, siquiera, visto todos los grupos, y que influyen -quizá en demasía- en unos "aficionados" que no son tales.

 

Esta influencia, sin embargo, no sería apreciable si los propios murgueros plantasen cara a sus seguidores. En última instancia, en ellos recae toda la culpa de que el teatro esté vacío a última hora. Son las murgas las que tienen que obligar a sus familiares, amigos y simpatizantes a ser considerados con el resto de grupos; han de dejar claro que, si no tienen intención de quedarse hasta el final de la noche, no deben ir al teatro, dejando vacío un asiento que podría ocupar algún carnavalero de verdad.

 

Y no, ya no se puede argumentar que son los seguidores de las murgas de fuera de Badajoz quienes abandonan sus asientos a las primeras de cambio. Le duela a quien le duela la realidad es distinta: La mayor parte de butacas huérfanas eran antes ocupadas por allegados de las agrupaciones de dentro de la propia ciudad.

 

Desgraciadamente, mucho nos tememos que en 2015 tendremos que volver a escribir sobre lo mismo. El problema solo se puede resolver respetando y valorando el trabajo de todos, y no exclusivamente del grupo al que tenemos querencia. Desgraciadamente, de nuevo, mucho nos tememos que estos canallas volverán a las andadas.

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